miércoles, 11 de febrero de 2015

soy un imbunche,
un maldito imbunche.

¿en qué momento me dejé coser?
porque claro es que
mis ojos vieron a la partera,
mis oidos escucharon mi llanto,
mi llanto desgarró mi garganta,
mis genitales escupieron el líquido germinal
y pude oler los desastres futuros.

lo cierto es que un imbunche soy,
y que ando todo cosido,
que ya no hablo,
que ya no pienso
porque hasta el cerebro tengo cosido.
pensar: la mierda contenida,
lo voz enmudecida,
los sonidos resbalando por ese tapiz neutro,
inhabil, 
endeble.

un imbunche sensible,
un híbrido que crece más y más
con los dias,
con las noches,
de dolor.
"¿sientes esa angustia, imbunche querido?"
¡sí! porque se siente el dolor,
porque puedo ser querido
a pesar de mi desidia, de mi abandono,
de mi dejadez aplastante,
de mi mirada ciega;
nunca estaré solo,
ni en mi muerte,
ese abandono final.

ten cuidado, imbunche querido,
no vayas a desbarrancar,
que tan cerca estás del no volver.
piensa que todavía estás aquí
y que aunque no tengas más que
suturas por huecos, más que 
morder yute para poder respirar,
se te escapa la piel, no lo olvides,
húmedos son tus sentidos
mezclados hasta la sinrazón.
y ese fin a la vuelta de la esquina,
deseado, buscado,
no es lo que crees.
quizá porque todavía esperas,
mísero, pobre,
imbunche querido,
cuando en realidad no hay nada,
nada.


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